Preludios nocturnos.


 

En el mundo onírico lo único más importante que la simple libertad de expresar nuestros mas grandes anhelos es el ser realistas por que cuando en un sueño hacemos lo que queremos deja inmediatamente de ser precisamente un sueño y pasa a convertirse en una simple y corriente fantasía, así que no se confundan todos aquellos considerados experimentados en la materia ya que el habido soñador conoce las reglas fundamentales que dan origen a la materia del sueño en sí, es por eso que los preludios nocturnos son y serán por siempre las semillas que dan origen a todo material escrito en nuestros estados no consientes.

Preludios nocturnos.

Yo soy ateo, para quienes han tenido la oportunidad y la desgracia de conocerme saben perfectamente que es así, aunque yo siempre llevo mi ateísmo a mi manera, explicándome mas a fondo soy ateo por que no profeso ninguna religión y eso es todo lo que hay que decir, no soy ni mas ni menos que cualquier  otro creyente, no soy mas que una sombra pasajera en el tiempo igual que todos ustedes y al menos en el sentido metafórico tengo mis ángeles y demonios combatiendo eternamente por todo lo mundano que me importa en esta existencia. Solo puedo recomendarles que cuando se enamoren de algo, nunca busquen que los demás también se enamoren de lo mismo, porque hasta venderles la idea puede ser un trabajo no renumerado del que nadie quiere ser participe. Habiendo dicho todo esto, solo justifico que al leer estas líneas eres enteramente responsable de todo lo que en tu mente se desarrolle como explicación y conclusión.

 

Cuando mi padre murió, muchas de las cosas que se suponía formaban mi persona, también murieron con él, cambie. No sé si para bien o para mal, pero cambie. Una noche soñé que había pasado el tiempo, más gente había muerto y por azares del destino herede una propiedad, yo ya ni siquiera la recordaba porque había estado ahí pero hace muchos años en mi infancia y ahora en mis recuerdos entre mezclados con lugares aledaños ahí estaba, era todo mío y esto era así porque nadie más quería esa propiedad porque se consideraba embrujada o maldita, para mi no era mas que un terreno de dimensiones bastante grandes, con muchas habitaciones aunque hay que decir que gran parte estaba aun en obra gris, mientras que otras partes las obras eran inconclusas, la parte de abajo por detrás de la casa era la mas interesante ya que colindaba con un arroyo y parte de este pasaba por debajo de la propiedad y era como una especie de túnel por el cual recuerdo haber pasado jugando cuando era niño, aunque debo mencionar que los obnubilantes recuerdos de mi infancia no hacían justicia a lo que mi vista ya madura atestiguaba, ya que ahora lo encontraba como un castillo sin terminar y sin nadie que ocupara el trono, era casi mi responsabilidad evitar que aquellos muros de derrumbaran cediendo al inexorable castigador paso del tiempo.

Ya habiendo tomado posesión de mi nuevo reino y luego de las festividades que amenizan la toma de cualquier bien material en este mundo del consumismo, ya entrada la noche, una vez que todos lo invitados al festejo se marcharon, me disponía a dormir por primera vez en mi nuevo hogar, justo en ese momento una implacable lluvia arreciaba fuera, precedida por relámpagos y truenos, la casa era grande y armonizaba los respectivos ruidos que hace una casa grande como esta. Mientras yo dormitaba en mi cama, la emoción y la excitación de todo lo anterior aun me mantenía despierto, los sonidos del agua en el arroyo y la lluvia pudieran ser relajantes, aunque por la nuche y con tormenta cualquiera los encontraría tétricos e incluso escalofriantes, a esto le acompañaban los destellos de luz de los relámpagos que recorrían iluminando brevemente los pasillos de aquel viejo casón, volviendo espeluznantes los ojos sepias de las fotografías de mis antepasados que se amontonaban en las paredes.

Por su puesto, nada de lo anterior lograba abrumarme, nada… hasta aquel momento en que escuche una carcajada que se hizo eco por toda la morada, después una voz reverberante que recorría cada rincón mientras erizaba cada folículo en una escarpada piel de gallina… ya me lo habían advertido, el lugar estaba maldito y por eso nadie le quería. Bueno, pues esto poco me importo, la voz me invitaba a marcharme, pero yo le retaba a que intentara echarme si tan capaz se creía. Justo en ese momento la atmosfera cambio, el ambiente se puso frio y como si de una película de terror se tratara el reloj marco las tres de la madrugada y en ese momento la luz se fue…

Un simple apagón, pensé. Hasta que dije, ¡ya basta! Si no vienes por mi yo iré por ti, ¿dime donde estas? Le dije y solo se burlo respondiendo; “nunca podrás encontrarme” esto claramente me molesto más aun, pues nadie me iba amedrentar en mi propia casa, así que Sali de mi habitación y empecé a recorrer cada cuarto y cada puerta que habría me encontraba tan solo con otra recamara más, llena de cosas viejas y empolvadas, pero ninguna que me mostrara al emisor de aquella voz, aquel invasor que seguía riéndose a carcajadas cada que habría una puerta. Hasta que finalmente llegue a la tercer planta, aquella que apenas estaba construida a medias, la voz dejo de escucharse y esto me hizo sentir que me estaba aproximando al origen de aquel  que pregonaba tantas blasfemias, entonces abrí la ultima puerta… el escenario era totalmente diferente, parecía una habitación ala que le arrancaron el techo y una pared, por lo que de fondo se veían los árboles del arroyo con sus ramas secas como manos huesudas y otros más frondosos con apenas puntos de luz escapándose entre sus hojas formando caras y siluetas sombrías, la lluvia caía sobre mis hombros y me estaba empapando, la oscuridad brevemente interrumpida por el destello de los rayos me hace ver la silueta de una persona también de pie bajo la lluvia, de pronto se gira…

y…

¡era mi padre!

De mi boca se escapa un leve murmuro reclamando; ¿Qué estás haciendo aquí?

Me miro directo a los ojos y con un vacío que expresaba tristeza me dijo;

“No soy tu padre, Soy el diablo y eh venido porque quiero que me dejes ser parte de tu familia”

La mañana siguiente mi familia y yo desayunábamos cuando de pronto alguien llama a la puerta, entonces me levanto apresuradamente de mi lugar y le digo a mi esposa y mis hijos, es alguien que estaba esperando, abro la puerta mientras aclaro.  Se parece mucho a mi papa, pero que en realidad se trata de un tío lejano al que nunca antes tuvieron la oportunidad de conocer. Lo invitamos a desayunar y mientras lo hacemos discutimos los planes de un próximo viaje, mi ahora tío se nos une diciendo que el también quiere viajar con nosotros proporcionando un alivio económico y facilidades de transporte y todo termina así, como una familia normal planeando su vacaciones.

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