El invitado inesperado.
El invitado inesperado.
Mantener la mente abierta es a
veces más que una simple convicción, pero otras tantas esto se encuentra condicionado
a la religión que se profese, el nivel de estudio, o simplemente por guardar
apariencias, puede que para algunos sea una simple cuestión de mantener una
postura ya sea de valentía o por detonar algún rasgo de intelecto, pero
habiendo llegado hasta este punto en la lectura y ahora con nuestro cielo
rojizo como telón presentándonos el primer acto de la luna en cuarto menguante,
como testigos sabemos que lo que se narre a continuación es una vez más un
llamado a la locura y la insensates, claras denotaciones a las que ya deberían
estar adaptados todos aquellos lectores del kaoz.
Dentro de la tradición oral uno
de los relatos más terroríficos e interesantes que se pueden llegar a escuchar
son sin duda todos aquellos donde se mencionan a este individuo y sus múltiples
formas, ya sea que se presente como un simple mendigo, una mujer hermosa o un
caballero de buen vestir, sin embargo, lo que más podría resaltar de este ser
además de sus multifacéticas apariciones es que se encuentra presente dentro de
todas las religiones, credos o creencias habidas y por haber.
Dentro de las ciudades recién
creadas de nuestro hipotético planeta azul es noche de fiesta en el patio
delantero de una de las tantas moradas de esta gran sultana, donde los vicios
como el alcohol y el tabaco forman parte de la cultura de toda tribu urbana que
se congregue para festejar algún cumpleaños, bautizo, nacimiento o simplemente
porque si, por que es viernes por la noche y las luces de la ciudad perfilan
los atributos perfectos que presentan la excusa exacta para reunirse una vez más
entre familiares y amigos, refrescando las calurosas noches de verano entre
bebidas de apático y amargo sabor, la música poco importa, podría ser
cualquiera, el lugar ciertamente tampoco representa la menor importancia puesto
que las condiciones ya han sido creadas desde tiempo atrás y esto no es la
antesala al desastre si no que más bien estamos en presencia de un rotundo
desenlace de puntos críticos o de inflexión en el pasado de todos nosotros y si
bien estos actos tuvieron su origen ayer mismo lo único importante es que lo
“hecho” ¡hecho esta! Y desde aquel momento han impulsado una serie de
mecanismos que ahora se encuentran imparables en un rumbo de colisión frente al
inamovible y escaso apenas titilante fugaz presente.
Es así que las horas transcurren
con normalidad y en algún momento sin llamar la atención de nadie, como si de
una suave brisa se tratase, un invitado inesperado hace acto de presencia,
entra por la puerta principal, como si del dueño se tratase y se ubica en algún
lugar de la vivienda, se sirve alimentos y bebida sin descaro, platica con
algunos, bromea con el resto y todo esto a pesar de que nadie le conoce, aparentemente
nadie lo invito y nadie tiene una maldita idea de quien rayos es, pero aun así
destaca entre los invitados. Esto claro, no siempre suele ser así, otras veces
pasa simplemente inadvertido, incognito y solitario en algún rincón, sentado al
pie de una escalera. Realmente esto no es lo importante, este invitado
inesperado disfrutará de la fiesta por igual y si nadie le perturba se marchará.
Al día siguiente quisa algunos se pregunten quien era ese tipo, cosas que ya
jamás tendrán la oportunidad de saber por el resto de sus vidas naturales.
Pero en este plantea azul, en
esta morada y en esta velada las cosas nunca suelen pasar así y es por eso que
en algún momento la gente comienza a murmurar acerca de aquel individuo y su
misteriosa procedencia, por lo que casi sintiéndose obligado el dueño de la
casa se apresura a preguntar quien le invito y este llamándolo por su nombre de
pila le responde; “fuiste tú” (lo siguiente puede variar según la
persona en cuestión) “fue hace años, cuando decidiste robar o matar o violar”, “simplemente cuando decidiste no hacer el
bien fue entonces cuando me invitaste a tu casa, solo que hasta hoy tuve la
oportunidad de responder a tu invitación”. Entonteces dentro de un silencio
incomodo y con posibilidades que tienden al infinito surge la siguiente
pregunta, esperando que una vez respuesta todo lo anterior no sea más que parte
de una broma y así entre dientes el ahora temeroso anfitrión murmura; ¿Quién
eres tú? Y de manera gentil y cordial nuestro invitado inesperado responde
reverenciándose; “buenas noches, me presento: ¡Soy el diablo!”
Todo lo que se pueda narrar a
partir de aquí seria mera especulación, ya que nadie que haya sido testigo de
una de las apariciones del diablo se ha quedado presente para ver lo que pasa
después, algunos afirman que el anfitrión muere al día siguiente o en ese mismo
instante, otras versiones dicen que a raíz de eso enferma y muere tiempo
después, mientras que otros dicen que nadie muere y solo se convierten en
personas de bien a partir de este incidente. Realmente nadie lo sabe con
seguridad, pero puede que la próxima vez que te encuentres en una fiesta te
topes también con algún invitado inesperado y si tienes el valor de hacer las
preguntas quizá te encuentres ante el amigo de un amigo o puede que te
conviertas en parte de las historias de la tradición oral.


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