El gallo rojo

 El gallo rojo


Diariamente convergemos en un existencialismo donde muy a menudo se discute sobre el alma o el espíritu tanto de animales como de personas, incluso hay quien va más allá creyendo que incluso los vegetales y otros seres inertes como las rocas y el planeta mismo cuentan con un espíritu, un alma e inclusive una conciencia, todos perteneciente a un mismo flujo en el cual nos reciclamos y nos renovamos en cada una de nuestras vidas. Más allá de cualquier corriente religiosa sin lugar a dudas la reencarnación es uno de los temas que ha fascinado a la humanidad desde los albores de la civilización, habiendo personas quienes juran venganza o que se juran amor después de su propia existencia.

Pero entonces, suponiendo que todo lo anterior es real, debemos considerar que apariencia tiene nuestra alma si es tan antigua que posiblemente ya nos toco vivir en infinidad de formas y especies.

 

Otro punto importante son los sueños, ya que dentro de ellos nos visualizamos a nosotros mismos y en infinidad de ocasiones estamos acompañados de personas que quisa físicamente no conocemos, al menos con la apariencia que se presentan en nuestro estado rem, aunque de alguna manera nuestro subconsciente es capaz de distinguirlos, reconocerlos y aceptarlos a tal punto que ni siquiera no sorprende de ninguna manera estar rodeados de extraños. Hay quienes creen que toda persona con la que sueñas existe en el mundo real y muy probablemente esa persona también se encuentre soñando contigo, es aquí donde yo les extiendo la siguiente pregunta:

 

¿y si todos esos desconocidos de nuestros sueños no son mas que las vidas pasadas de los que ahora nos rodean?

 

Es en esta realidad fascinante donde tiene lugar la siguiente historia.

 

Cuando me casé y me fui a vivir a mi casa con mi esposa era un momento en el que el país atravesaba uno de tantos episodios en los que los alimentos de la canasta básica estaban aumentando disparatadamente y productos como el huevo o la leche se volvían cada vez menos asequibles.

Su hubiese tenido quien me regalara una vaca gran parte de mis problemas estarían resueltos, si lo pensamos muy a la ligera claro está. Como sea, nunca tuve quien tuviera enorme gesto a mi persona. Pero, por otra parte, mi suegra criaba gallinas, por lo que tuve la brillante idea de pedirle que me regalara una pareja de aves y así contar con un suministro interminable de albumina para el desayuno.

Mi suegra feliz de ayudarme no solo me regalo la pareja de aves, si no que tuvo el gesto de obsequiarme a una de sus gallinas mas ponedoras y el gallo rojo más grande, gordo y hermoso con el que contaba para que le hiciera pareja, yo contaba con un patio grande donde les construí su gallinero y les proporcione todo le necesario para que tuvieran una vida estupenda.

 

Mi gallo rojo y mi gallina ponedora resultaron ser un fraude, la gallina apenas ponía huevos y el gallo era tan gordo que apenas se movía con dificultad, pero, aun así les llegue a tomar tanto cariño, quisa por ser un regalo de mi suegra o quizá por lo majestoso de aquella enorme ave de pluma rojiza, sea cual fuere el caso yo me encontraba orgulloso de ser el dueño de tan bello ejemplar.

 

Pero, paso el tiempo y mi gallo rojo enfermo…

Su sobre peso o alguna enfermedad propia de las aves la cual desconozco hizo que se quedara tullido he imposibilitado para levantarse y moverse libremente, su pareja en un extraño comportamiento, al menos para mí, comenzó a arrancarle con su pico la plumas de la cola, yo ni supe si fue antes o después de que terminara en su estado de decadencia y como no soy enfermero ni veterinario, intente cuanta cosa tan absurda como disparatada. Le fabrique una especie de columpio que podía deslizarse por el tendedero de ropa del patio y sus patas apenas cargaran algo de peso, ya que pensé que eso podría ayudarlo a rehabilitarse, era funcional y el gallo podía andar un poco, apoyado de este artilugio pero no más allá de la extensión del propio tendedero, paso el tiempo y esto no resulto, ya sin el columpio el gallo apenas andaba un poco y terminaba yéndose de pico  y lastimándose, fue cuando note el tema de la cola y pensé que quizá eso lo desequilibraba, entonces decidí fabricarle una cola prostética de Telgopor o poliestireno expandido, esto sin duda le ayudo un poco a mantenerse de pie por mayor tiempo aunque inevitablemente terminaba rodando por el piso, además por alguna razón a las gallinas les encanta comerse el unicel por lo que su cola artificial no duro mucho tiempo.

 

El gallo se entristeció, dejo de cantar, libre por el patio intentaba correr un poco y terminaba cayendo sobre su comida o sobre su plato con agua casi ahogándose hasta que lograba rodar y salvarse por poco. Entonces tome la difícil decisión, otorgarle piedad…

 

Afile mi hacha favorita lo coloque sobre una madera y le estire el pescuezo para decapitarlo, por alguna razón pensé que sería más rápido así, dude por un momento ya que nunca había terminado con la vida de algún animal más allá de un insecto, en un hecho insólito, el gallo me observo con tanta serenidad y se quedo tan tranquilo estirando la cabeza, casi como asintiendo, como si me concediera el que estaba de acuerdo con el acto e ineludiblemente sucedió.

Por mucho tiempo continué afligido, considere aterrador mi acto y no dejaba de arrepentirme y sentir tristeza.

Una noche tuve un sueño donde me encontraba en el patio de mi casa y ahí había un anciano obeso tirado en el suelo, llevaba ropa de vestir, su frente había retrocedido hasta su nunca y solo tenia algunos cabellos enrojecidos en los costados, su piel estaba algo azulada como en señal de que no estaba en un buen estado de salud, yo trate de ayudarlo a ponerse de pie pero era tan pesado que no lograba levantarlo, el anciano caía, rodaba, se ensuciaba su ropa y se lastimaba con  cada uno de mis intentos, no se cuanto tiempo lo intente ni cuantas veces logre ponerlo de pie solo para que diera algunos pasos y terminara cayendo nuevamente, hasta que finalmente me observo con aquella mirada pacifica y entonces expreso las siguientes palabras;

 

“Ya hijo, muchas gracias… ya hiciste suficiente, ya déjame descansar”

 

En ese momento desperté, sentí algo de paz después de mucho tiempo luego de aquel sueño y sin lugar a dudas me fue imposible no relacionar aquellos dos sucesos, desde mi perspectiva el espíritu del gallo rojo se manifestó a través de mis sueños para agradecerme por haberlo intentado y ahora me pedía que lo dejara irse en paz.

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