Habitantes eternos.

Habitantes eternos.

En el mundo la cantidad de cosas infinitas puede parecer un numero finito pero las historias tanto incontables como innumerables son, sobre todo aquellas historias donde parece haber un común denominador, es ahí donde verdaderamente debemos cuestionar si estamos hablando de una cuestión de simple casualidad, un teléfono descompuesto donde cada cual escucha y luego adapta a su caso la historia según convenga.

Pero en su origen todo mito y cada mentira también tienen un origen y por su puesto también una verdad, por lo que una vez mas hacemos el llamado a mantener una mente abierta pues después de todo, el propósito de estos textos no es el de juzgar si no el de preservar y compartir la oratoria, tanto la común como la extraordinaria y por ahora dejemos de lado la palabra veracidad pues en un trabajo donde la tradición oral es parte del folclor de una cultura, estoy seguro que todos nos acordaremos de alguien quien nos conto una historia como la planteada a continuación.

Este planeta azul gira sus 365 días cada año y en cada ciclo concluido hay personas que nos abandonan en el camino, personas que llegaron al final de sus días, ya sea de manera natural o no, los ciclos de vida son una variable tan común como simplemente ordinarias. En la zona donde yo habito al menos, las residencias no suelen ser tan viejas, uno conoce a sus primero y a veces únicos dueños y si también en ocasiones el segundo y el tercero pero aun así la casa habitación más común en esta ciudad no excede los cien años por lo que no son comunes las casas donde uno pueda cuestionarse si tiempo atrás ocurrieron homicidios o crímenes violentos en alguna propiedad y aun así son innumerables los hogares que en su haber cuentan con un miembro de familia extra, una sombra indefinida, una niña o niño, un adulto o un anciano, el cual a veces solo hace presencia, los habitantes se acostumbran tanto que hay quienes platican con ellos cuando los ven.

De este ultimo me recuerdo a mi mismo cuando tenia ocho años y por un accidente estuve internado en el hospital de zona, en el piso nueve, unidad de trauma al menos en aquel entonces y de las madres de los demás niños ahí hospitalizados había una mujer quien en alguna ves por la noche, ya sea que por matar el tiempo o por llamar la atención como tantos otros compartió su experiencia con una de estas entidades.

Su casa era una propiedad antigua y muy grande, algo que parece ser clave en este tipo de historias ya que normalmente la propiedad no fue escena del crimen como tal, si no que la tierra en épocas prehispánicas o bien en tiempos de la conquista, la independencia o la revolución las incontables almas que alguna vez transitaron por estos sitios, ya sea escondiendo su oro y sus riquezas tuvieron la desgracia de morir en condiciones indeseables por decir lo menos y sus almas quedaron atrapadas en una especie de bucle eterno en el que se mantienen vigías de aquellas riquezas por las que arriesgaron y perdieron sus vidas intentando protegerlas, al menos hasta que encuentran a esa persona indicada, noble, de buen corazón y sobre todo desinteresada a quien a cambio de una cristiana sepultura le ofrecerán aquel tesoro cuidado con sangre, esta es la premisa bajo la cual ciernen este tipo de historias y esta no es la excepción, la mujer contaba que por las noches tenia la costumbre de salir atender sabanas en el patio y detrás de las mismas a veces notaba una sobra transitando, los pies oscuros caminando en ese laberinto de tendederos, al principio el desconcierto obviamente produce miedo, mas por que a menudo se piensa que es un extraño que ha invadido la propiedad con malas intenciones, pero el número de incidencias termina por acostumbrar a el espectador o incluso a toda la familia que llegan a perderle el miedo y verlo como un miembro más que siempre está ahí, así este ente llegaba y la mujer lo saludaba.

“ah! Eres tú, ya llegaste”

Así comenzaban sus charlas con aquella sombra que le acompañaba durante la colada y luego la sombra parecía querer que la siguiera, señalando o dirigiéndose hacia alguna parte y tratando de llamar la atención. La mujer solo le decía;

“¡no quiero tu dinero, ven! Te voy a contar mi día.”

Así es como poco a poco una familia se acostumbra a estar con aquello que no debería estar, con aquello que ya estuvo en algún momento, pero se reúsa a irse y es como una entidad que pertenece a otra vida se convierte en un miembro mas de la familia, en un habitante permanente que acompaña la propiedad en si y todos los demás no son si no sus inquilinos.

 

 


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