La atmosfera.

 La atmosfera.

En algún momento todos buscamos ese momento, ese lugar, esa escena lúgubre acompañado por el vaivén de las sombras originado por las velas, bajo la luz tenue de una farola en alguna callejuela empedrada de algún pueblo antiguo o simplemente la luz de las estrellas de un cielo desnudo mostrándonos la bastedad del universo. Eso y unas bebidas, cigarrillos y poco más que la compañía perfecta, a veces por nombre maría y otras tantas se llama soledad.

Justo ahí comienza la siguiente historia. Nuestro personaje es un hombre que tras un accidente incapacitante quien con poco o nada que hacer, dedica sus días a beber y fumar hasta altas horas de la noche sentado en su porche, el cual por puerta tenia una suerte de reja hecha de madera y lamina, la cual echaban a un lado cada que necesitaban salir, a veces su silueta se perdía entre las sombras de la noche y aquellas personas que volvían ya tarde a casa ya sea de sus trabajos o de cualquier otra parte solo se percataban de su presencia cuando en una bocanada de aire se avivaba la colilla de su cigarrillo delatando su presencia, había quienes lo saludaban alzando la mano otros solo pasaban de largo como si no lo hubieran visto, tanto era el tiempo que pasaba ahí que siempre era el primero en enterarse de cualquier evento que diera lugar en la calle, por lo que no paso mucho para que se ganara el sobre nombre de “el periódico”

Puede que por aburrimiento o por tanto tiempo de ocio que pronto aprendió a meterse en asuntos ajenos, eventos comunes de cualquier lugar residencial, fugas de agua, de gas o incluso pequeños choques. Lo que fuera el periódico siempre estaba ahí para opinar, ayudar o socorrer según el caso y claro a cambio de eso al día siguiente tener la premisa de lo acontecido, por eso algunas veces bien merecido llamado el chismoso.

Paso el tiempo y de la nada se dejo de ver aquella luz roja del cigarro, se dejó de escuchar cómo se destapaban cervezas, la verdad nadie lo noto de inmediato, pues tampoco era algo a lo que los vecinos le prestaran tanta atención, solo un hombre chismoso sin que hacer mas como tantos abundan por todos lados.

Fue su mujer quien más tarde daría a conocer el porqué de su ausencia y no de una manera convencional, si no que llamo a la radio y conto los hechos en uno de esos programas muy de moda entre los noventa y principios de los dos mil, la llamada fue grabada y ellos mismos no se cansaban de reproducir la cinta a todo volumen, se terminaba y la repetían indefinidamente como si fuera motivo de orgullo, es por eso que al pasar al dominio publico me atrevo a narrar esta historia que no me fue confiada directamente y como siempre con el único fin de preservar la tradición oral, en esta entrega me estoy esforzando mas por dar a conocer un poco sobre el origen de cada relato con el fin de demostrar su veracidad pero como siempre me reservo nombres y ubicaciones por respeto a los intérpretes.

Resulta que un día o mas bien una noche ya pasada la hora del demonio como suele ser costumbre, dígase media noche o las tres de la mañana, la verdad es que poco importa, nuestro singular vecino procedía tan normal con su rutina, frente a su casa había un lote baldío el cual se usaba de callejón para cruzar a la colonia vecina y fue ahí que de la nada diviso a una mujer alta como hermosa, en un vestido blanco y casi transparente el cual dejaba tras la opacidad ver un poco la silueta de sus bellos y voluptuosos atributos femeninos. La mujer estaba ahí como quien busca algo perdido, como quien no encuentra lo olvidado, el hombre al verla de inmediato se acomedido a prestar su ayuda presentándose gentil y cortésmente con tan destacable ejemplar femenino, ofreciendo traer lámparas o algo que le ayudara a encontrar aquello que buscaba. esta le respondió que se le habían caído unos dulces pero que poco antes de que el llegara ya los había logrado encontrar. Le agradeció tan noble voluntariado y le obsequio algunos de aquellos dulces. El hombre solo hizo un cuenco con las manos mientras no despegaba su vista de aquella silueta marcada por la luz de la luna. Pero luego de perderse en aquel eclipse visual, bajo la mirada y entonces noto que en ves de pies tenia patas como de cabra, asustado alzo la vista y ahora tan bella fémina tenia cara de caballo. Como un relámpago corrió y se metió en su casa.

El ruido que hizo al entrar levanto a su esposa a quien le conto lo que había presenciado, todo este tiempo mantuvo sus manos cerradas hasta que su mujer le pregunto por los dulces que le obsequio lo que sea que fuera eso de afuera y entonces al abrir las manos, en ellas solo había eses, esferas pequeñas como de cabra o conejo.

Por mucho no se volvió a ver por las noches al periódico, pero sea lo que sea que paso esa noche no debemos deja de lado la idea de que a veces nosotros somos quienes buscamos o creamos la atmosfera perfecta para que las cosas sucedan.

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