El lenguaje inocuo.

 


En algún momento existieron personas que en su infinita sabiduría no alcanzaron a comprender de donde surgen tantas lenguas como basto es el mundo, quizá incapaces de entender una rama de las ciencias sociales aun inexistente que pudiera dar un entendimiento de como las grandes migraciones de individuos dieron origen a diversos idiomas, algo quizá también inconcebible ahora por mentes más modernas en una constante conexión. El aislamiento y cosas tan simples como regionalismos, modas y modismos fueron creando distinción que por el pasar de los tiempos llego a ser tan grande que termino convirtiéndose en algo totalmente diferente.

Ahora entonces debemos preguntarnos cual es la lengua original, aquella que se habló en el principio de los tiempos cuando algún homínido desarrollo la facultad más importante de que disponemos y a partir de esa oralidad construimos nuestras sociedades. Es esta misma pregunta la que llevo a el rey salomón a encerrar a un recién nacido con monjes mudos para saber cuál era el idioma de dios el idioma original, solo para darse cuenta más tarde que el recién nacido también era mudo.

Hoy en día sabemos que los primero cinco años son fundamentales para aprender un idioma y de no hacerlo posiblemente las consecuencias serían permanentes.

En este fascinante escenario es donde tiene lugar la siguiente historia.

Alguna vez un hombre tuvo a su segundo hijo el cual como cualquier niño andaba gateando por toda la casa en sus primero años de edad, una mañana el padre llego cansado del trabajo y se dispuso a dormir mientras su familia apenas despertaba, un poco después una extraña voz lo entre despertó, pero lo dejo sumido en un trance en el cual el sueño era tan pesado que apenas podía mantener los ojos abiertos mientras trataba de ver por el rabillo del ojo que hacia su hijo acostado en el suelo a un costado de su cama, el niño apenas comenzaba a decir sus primeras palabras.

Pero con claridad el hombre escucho como estaba sosteniendo una pequeña conversación con algo que le hablaba desde debajo de la cama, una pesadez inmensa se apodero de sus extremidades mientras esta situación ocurría al tiempo que luchaba contra el sueño que trataba de regresarlo a tierras de Morfeo.

Agudizo el oído y claramente escucho a su hijo responder:

”no es cierto”

Para luego escuchar en tono de reclamo una misteriosa voz de la cual no logro entender absolutamente nada, una especie de gruñidos a lo que el infante nueva mente respondió:

“no, no es cierto eso”

Al unisonó negaba con la cabeza mientras no despegaba la vista de aquello que le hablaba por debajo de la cama en esa lengua extraña que solo el podía entender, por lo menos en esa habitación.

El sueño termino por vencer a aquel agotado sujeto, pero cuando por fin despertó horas más tarde y recordó lo ocurrido…

Demasiado joven para poder ser interrogado, simplemente concluyo diciendo:

“hay un ojo ahí”

Pero, ¿Qué era aquel “ojo” hablando bajo la cama?

¿Y, en que lengua hablaba y sobre todo porque el niño si podía comprenderla y responder?

Acaso será que los niños realmente tienen algún recuerdo o capacidad para aun recordar ese lenguaje primigenio. Nadie puede decirlo con seguridad, pero, sin dudas es un relato que no merece ser olvidado.


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