El hombre que atrapo un fantasma


 

Fantasmas, algo en lo que no todos aseguran creer mientras que el resto es capaz de sentir repelús tan solo con escuchar las experiencias ajenas, en algunas ocasiones se dice que se trata del espíritu o el alma de las personas que dejaron de estar vivas, mientras que otras corrientes afirman que gran parte de estos seres pertenece al orden de los demonios o seres de planos existenciales más allá del mismísimo infierno. Pero, de entre todas estas apariciones furtivas, existen aquellas que son recurrentes y de las cuales se tienen gran numero de apariciones en varias partes del mundo incluso, tan así que podríamos decir que se trata de algún ser criptido el cual por su puesto la ciencia no justifica su existencia pese al numero de avistamientos, pero sin desviarnos del tema en cuestión, el siguiente relato hace mención a la “mujer blanca”

 

Su origen es irrelevante, así que aquí no discutiremos sobre en qué país la vieron por primera vez, la cuestión es adentrarnos en la atmosfera y encarnar letra con letra al protagonista, creyentes del tema o no, todos somos capaces de sentir miedo ante lo extraño e insólito y mas cuando lo desconocido nos visita en nuestro propio hogar…

 

Soy una persona normal un hombre de 37 años con una aburrida y rutinaria vida normal como la de cualquiera a quien lleguen estas palabras. Según quien seas, si me preguntas: ¿Qué si creo en fantasmas?, mi respuesta puede ser un simple ¡no!

Y es que a decir verdad no a todos nos gusta que nos tachen de supersticiosos o como en mi caso: temerosos de lo inexistente.

No soy ateo porque no crea en dios, el más allá y todo lo referente al tema, simplemente no creo en la religión e incluso podría decir que históricamente la considero una debilidad en las personas y una arma para controlarnos a través del miedo.

Toda mi vida he sido especial bajo la premisa de que siempre estoy observando cosas extrañas aquí y allá nuevamente, pero como mi teología es mas inclinada hacia la ciencia me resulta absurdo siquiera prestarles más atención a estos eventos, por lo que a menudo suelo encontrarle razón en el cansancio y la desolación…

Si… desolación, así es como todos los días me arrastro de mi casa al trabajo y del trabajo a mi casa con apenas fuerza y motivación para simplemente seguir existiendo, la mueca que expreso por sonrisa es otra de las mascaras que suelo portar todos los días.

Un día de tantos llegue cansado y con sueño, así que solo me di un baño y me fui a acostar un momento diciéndole a mi mujer y a mi mismo que solo iba descansar un momento pero que no me dormiría. Me acosté en el borde interior de la cama girado hacia la pared y cerré mis ojos quedando mas dormido que despierto, los sonidos de las risas de mis hijos jugando me mantenían vacilante en ese estado, luego incluso escuché el interruptor y a través de mis parpados cerrados alcance a percibir una mayor cantidad de luz que provenía del tocador de mi mujer, donde ella se maquillaba para que saliéramos luego de mi descanso de ojos. Fue en ese momento cuando sentí como el peso de alguien ejercía presión sobre la cama en el angosto espacio que había dejado al borde del colchón, ya estaba lo bastante mas consciente luego de tantos eventos previos ya narrados aquí, supuse simplemente que se trataba de mi hijo menor buscando jugar conmigo, así que decidí no abrir los ojos para dejarlo hacer su movimiento. Sentí que se emparejo a mi costado, pude sentir su mirada observándome, diría que, hasta su aliento, pero quizá seria exagerar, luego sentí como extendía su brazo lentamente tratando de alcanzarme por el rostro o por el cuello para lo que yo pensaba en ese momento, tratar de asustarme, así que espere para darle un revés a su jugada y ser yo quien le diera el susto.

 

Espere inamovible a que estuviera lo suficiente cerca de mi para tomarle el brazo y decirle: ¡Booh!

Y aquí se presento la ironía mas bizarra que me ha ocurrido en la vida. Al abrir los ojos no era mi hijo a quien tenia sujeto por el brazo, sino una mujer de tez y cabellos blancos, vestida con ropajes holgados y maltratados por el tiempo. Creo que se sorprendió tanto que pudiera tomarla de su brazo que hasta incluso me dio la impresión de que se asusto se levanto flotando y se sacudía enérgicamente tratando de liberarse, yo no soy Juan sin miedo, pero el hecho de ver su reacción me lleno de valor y aprete mas mi mano trate de gritarle a mi mujer quien se encontraba a espaldas mías: ¡atrape uno! ¡lo atrape! Pero la voz no salió de mi boca y fue en ese momento que pude constatar que, aunque en un principio pude mover mi brazo para sujetar a este ente, ahora me encontraba experimentando una parálisis del sueño y es que si retroceden en mis palabras todos los elementos de una típica ¡subida del muerto! Estaban presentes desde el principio solo que nunca lo dilucide de esta forma hasta que intente gritar y volver a moverme.

No se cuanto tiempo duro el forcejeo, solo recuerdo que lo siguiente fue que comencé a sentir que un costado de mi se hundía hacia la nada, observaba mi brazo y mi mano sujetando aquel escualo y frio brazo pálido, su cuerpo se agitaba tanto que nunca pude verle el rostro, así lentamente me fui cansando mi vista se oscureció y finalmente me quedé dormido…

Es así como termina aquel evento.

 

Para todos los que alguna ves han sido testigos de un evento paranormal, les pregunto lo siguiente: más allá de grabarlo o tomarle fotografías.

 

 

¿alguna vez han siquiera considerado atrapar o tocar alguno con sus propias manos?

Comentarios

Entradas populares